El suelo es la capa más superficial de la corteza terrestre, y está
formada por una mezcla de minerales, materia orgánica, bacterias, agua y
aire. Es el resultado de la acción de la temperatura, el agua, el
viento, los animales y las plantas sobre las rocas. Estos factores
descomponen las rocas en partículas muy finas y así forman el suelo. Es
un proceso muy lento y complejo, denominado
edafización o
edafogénesis, que
puede tardar muchos años e incluso siglos. A menudo la acción irresponsable del hombre provoca
su destrucción rápida e irreversible, causando la
desertificación.
Existen muchas clases de suelo, ya que las rocas, el clima, la vegetación varían de un sitio a otro.
El perfil del suelo y sus horizontes
Como la edafización actúa desde la superficie y va perdiendo su
intensidad conforme profundizamos en el perfil del suelo, el material se
altera de un modo diferencial y como resultado de la actuación de estos
procesos de meteorización y translocación se pasa de un material
homogéneo o uniforme, como es la roca, a un material heterogéneo,
estratificado en capas con diferentes propiedades como es el suelo; es
decir, se produce la horizonación del material. Y es precisamente esta
característica, representada por la variación regular de las propiedades
y constituyentes del suelo en función de la profundidad, la
característica más representativa de los suelos, rasgo que los
diferencia claramente de las rocas.
A estas capas se les denomina
horizontes y su superposición constituye el
perfil del suelo.

Los horizontes constituyen las unidades para el estudio y para la clasificación de los suelos.
Los horizontes edáficos son capas aproximadamente paralelas a la
superficie del terreno. Se establecen en función de cambios de las
propiedades y constituyentes (que son el resultado de la actuación de
los procesos de formación del suelo) con respecto a las capas
inmediatas.
Los horizontes se ponen, normalmente, de manifiesto en el campo, en el
perfil del suelo, pero los datos de laboratorio sirven para confirmar y
caracterizar a estos horizontes.
Generalmente bastan solo tres propiedades para establecer la
horizonación de un suelo: color, textura y estructura, aunque otras
propiedades, como la consistencia, son a veces de gran ayuda. El más
mínimo cambio detectado (en una sola o en varias de estas propiedades)
es suficiente para diferenciar un nuevo horizonte.
El perfil consiste de una sucesión de estratos más o menos
diferenciados. Estos estratos pueden deberse a la forma de deposición o
sedimentación (suelos eólicos o aluviales, en agua) o a procesos
internos (pedogénesis). En este último caso los estratos se denominan
“horizontes”. En esos procesos de pedogénesis la vegetación ejerce su
influencia de arriba hacia abajo (es más intensa arriba) y los minerales
de abajo hacia arriba (es más intensa abajo); la interacción de ambos
da lugar a los horizontes.
Horizonte A:
capa superior, posee mayor actividad biológica, generalmente está
enriquecida con materia orgánica y es más oscura que el suelo
subyacente. Plantas, animales y sus residuos interactúan con gran
cantidad de microorganismos (bacterias, protozoos, hongos, etc.).
Horizonte B: algunos de sus materiales (ej. arcilla o carbonatos)
son filtrados del A por agua percolada. Suele ser más grueso que el A.
La acumulación de arcilla y la presión de la capa superior reduce la
porosidad de las capas más profundas. Esto a veces inhibe la aereación,
el drenaje interno de agua y la penetración de las raíces.
Horizonte C: es material parental del suelo. Un suelo residual C
consiste de material rocoso fragmentado y erosionado. E otros casos C
consiste de depósitos aluviales, eólicos o glaciares no alterados por la
comunidad biológica.
Hay perfiles más complejos. La secuencia puede ser: O, A, E, B, C.
O es orgánico, E es un horizonte de eluviación (filtrado) que es difícil
de diferenciar de A, es más profundo, mayormente mineral con una
pequeña proporción orgánica.
No se puede hablar de un perfil típico, a veces A, B y C son fácilmente
reconocibles, por ejemplo están asociados a distintas zonas climáticas.
Otras veces solo se ve el A y el C. En suelos aluviales recientes no hay
diferenciación.
TEXTURA Y ESTRUCTURA DEL SUELO
TEXTURA: La textura está determinada por el tamaño de las partículas que
lo forman. Hay tres tipos de textura: arenosa, mimosa y arcillosa.
ESTRUCTURA: Las partículas del suelo son de formas irregulares y dibujan
entre ellas pequeños espacios llamados poros. Los poros contienen agua o
aire. El suelo es permeable cuando el agua se infiltra con facilidad a
través de sus partículas. El suelo más conveniente para la agricultura
es aquel que tiene poros grandes que permiten la filtración de la
lluvia, buena aireación y drenaje más fuerte. Los poros pequeños
aseguran mayor retención del agua.
Tipos de suelos

El
suelo se clasificar según su textura: fina o gruesa, y por su
estructura: floculada, agregada o dispersa, lo que define su porosidad
que permite una mayor o menor circulación del agua, y por lo tanto la
existencia de especies vegetales que necesitan concentraciones más o
menos elevadas de agua o de gases.
El suelo también se puede clasificar por sus características químicas,
por su poder de absorción de coloides y por su grado de acidez (pH), que
permite la existencia de una vegetación más o menos necesitada de
ciertos compuestos.
Los suelos no evolucionados son suelos brutos, muy próximos a la roca
madre y apenas tienen aporte de materia orgánica. Son resultado de
fenómenos erosivos o de la acumulación reciente de aportes aluviales. De
este tipo son los suelos polares y los desiertos, tanto de roca como de
arena, así como las playas.
Los suelos poco evolucionados dependen en gran medida de la naturaleza
de la roca madre. Existen tres tipos básicos: ránker, rendzina y los
suelos de estepa. Los suelos ránker son más o menos ácidos, como los
suelos de tundra y los alpinos. Los suelos rendzina se forman sobre una
roca madre carbonatada, como la caliza, suelen ser fruto de la erosión y
son suelos básicos. Los suelos de estepa se desarrollan en climas
continentales y mediterráneo subárido. El aporte de materia orgánica es
muy alto. Según sea la aridez del clima pueden ser desde castaños hasta
rojos.
En los suelos evolucionados encontramos todo tipo de humus, y cierta
independencia de la roca madre. Hay una gran variadad y entre ellos se
incluyen los suelos de bosques templados, los de regiones con gran
abundancia de precipitaciones, los de climas templados y el suelo rojo
mediterráneo. En general, si el clima es propicio y el lugar accesible,
la mayoria de estos suelos están hoy ocupados por explotaciones
agrícolas.
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